lunes, 4 de marzo de 2013




Quizás yo también amaba todo lo de Alejandro, incluso su estatura y su peso. Amaba su voz bajita, casi imperceptible, su excelente inglés, su sabiduría, sus jeans y sus remeras, sus discos, sus dientes desprolijos, su lunar, sus cejas cortas y espesas, sus ojos de traficante estafador, amaba todo de él.

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