Durante toda mi vida he entendido el amor como una especie de esclavitud consentida. Pero esto no es así: la libertad sólo existe cuando existe el amor. Quien se entrega totalmente, quien se siente libre, ama al máximo. Y quien ama al máximo, se siente libre. Pero en el amor, cada uno de nosotros es responsable por lo que siente, y no puede culpar al otro por eso. Nadie pierde a nadie porque nadie posee a nadie. Y esta es la verdadera experiencia de la libertad: Tener lo más importante del mundo sin poseerlo.
lunes, 20 de febrero de 2012
Esperar duele. Olvidar duele. Pero el peor de los sufrimientos es no saber qué decisión tomar.
El peor de todos los pasos es el primero. Cuando estamos listos para una decisión importante, todas las fuerzas se concentran para evitar que sigamos adelante. Ya estamos acostumbrados a esto. Es una vieja ley de la física: romper la inercia es difícil. Como no podemos cambiar la física, concentremos la energía extra y a si conseguiremos dar el primer paso. Después el camino mismo ayuda.
Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos, esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella… Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y les impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaras de intentarlo. Te rendiras y buscaras a esa otra persona que acabaras encontrando. Pero te aseguro que no pasaras una sola noche sin necesitar otro abrazo suyo, o tan siquiera discutir una vez más… Todos sabemos de qué estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, se te ha venido su nombre a la cabeza. te libraras de él o de ella, dejaras de sufrir, conseguirás encontrar la paz (la sustituiras por la calma), pero te aseguro que no pasará un día en que desees que estuviera aquí para perturbarte. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.